…Pero tranquilos que el cuento apenas
comienza.
Las
extorsiones por parte de los actores de la paz, siguen a la orden del día en
todos los niveles, desde la señora de los tintos en cualquier parque de pueblo,
pasando por pequeños y medianos comerciantes, hasta empresas contratistas que
quieran desarrollar algún tipo de obra en un municipio; deben pagar un “pequeño
porcentaje” como contribución a la paz.
La desigualdad social aumenta a pasos agigantados, nos convertimos en un país de odios viscerales infundidos por un “presidente” que a punta de amenazas nos quiere obligar a aceptar una aberración y una mentira que ni los mismos narcoasesinos de las Farc se preocupan por desmentir.
Estamos
siendo víctimas del más grande acto de infamia y traición del que tengamos
memoria, y está tan bien pensado, trabajado y estructurado que, empezaron por
lavar el cerebro a los más jóvenes. A escuelas, colegios y universidades llegan
encapuchados armados para dictar cátedra sobre la paz; manejando el ya conocido
lenguaje de la igualdad social, ese que pregonan unos ex guerrilleros que hoy
día disfrutan las bondades de la “oligarquía asesina”. “hay que acabar con la
lucha de clases”, repiten como loros; “abajo los oligarcas que destruyen la esperanza de los pueblos”. Cabe aclarar
que aunque se definen como “ejército del pueblo” no se conocen escuelas, hospitales,
carreteras, etc; construidas por ellos para beneficiar a esa población que
dicen defender pero a la que explotan laboralmente al obligarlos a trabajar en
sus cultivos ilícitos y arrancan de sus hogares a hijos (as), hermanos (as) y esposos
(as) para tomarlos como objetos sexuales.
Necesito
explicarles a mis hijos adolescentes cuando me increpan diciendo ¡nosotros
tenemos derecho a vivir en paz! que éste no es el verdadero fin de un
conflicto; que es un engaño que un ser ambicioso, ególatra, ignorante y despreciado
hasta por su propia familia, se inventó, para beneficiar a unos asesinos terroristas
y violadores del más mínimo derecho humano: el de vivir en libertad, el de
tener un padre y una madre, el de asistir a una escuela sin el temor a caer en
un campo minado, el de cultivar nuestra tierra, el de caminar tranquilos sin
pensar en las fronteras invisibles que nos hacen enemigos de los unos y los
otros, el de poder opinar libremente sin ser tildados de traicioneros y amigos
de la guerra.
Vuelvo
y me pregunto ¿en qué país fue que se acabó el conflicto?
Ruby E. Loaiza V.
@RUBYELENA1

Que esta nota le recuerde a la historia el significado de la irresponsabilidad de pocos, en perjuicio de millones de colombianos que han tenido que vivir, la aventurera apocalípsis de Juan Manuel Santos
ResponderEliminarCompartido en mi Blog. Saludos.
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